El "yo" según Ken Wilber, el Einstein de la conciencia

Si tratamos de percibir directamente qué es eso a lo que llamamos "yo", advertiremos, al menos, dos aspectos diferentes: un "yo observador" (o una especie de testigo interno) y un "yo observado" (lo que podemos ver o saber acerca de nosotros mismos, por ejemplo si soy rubio, si soy padre o madre de tantos hijos, si peso tanto, si soy doctor, etc.). La primera perspectiva la llamo "yo proximal" y a la segunda la llamo "yo distal", pues la primera es más inmediata y la segunda implica un cierto alejamiento o distancia.

 

Durante toda la vida, a lo largo del desarrollo psicológico, el "yo proximal" de una etapa, se convierte en el "yo distal" en la siguiente etapa. El bebé, por ejemplo, se halla casi exclusivamente identificado con su cuerpo. Su cuerpo es su "yo proximal". Aunque, en la medida en que empieza a emerger la mente verbal-conceptual, el niño empieza a identificarse con ella, o sea que pasa a ser su nuevo "yo proximal", y puede, por vez primera, empezar a contemplar objetivamente su cuerpo, que sería su "yo distal". Así sucede la evolución del "yo" al madurar y transitar los diferentes niveles del desarrollo.

 

Y, según los más grandes místicos de todos los tiempos, en los dominios más elevados, emerge la capacidad de atestiguar a cualquier "yo proximal". Ese "Yo último" es la raíz de la atención, el Testigo puro, el Yo del yo, el Vidente que no puede ser visto, y que no es evolutivo.

 

El "yo global" es una amalgama de todos los "yoes" que se hallan presentes ahora mismo: el yo proximal (o simplemente "yo" en minúsculas), el yo distal (o "mí") y el Yo trascendental (o Yo del yo). Todos los cuales participan en nuestra sensación de identidad. Y el hecho de que el "yo global" incluya varias corrientes diferentes, implica que no se ajusta a ningún tipo de desarrollo a través de estadios, sino que ya lo hacen todas sus instancias de identidad que lo forman.

 

Ahora bien, desde mi punto de vista, el desarrollo del "yo proximal" se halla en el mismo núcleo de la evolución de la conciencia, puesto que es el que navega a través de las olas básicas del Gran Nido del Ser. Decir que el "yo" se identifica con una sola ola concreta del Gran Arco Iris del Ser no supone, sin embargo, decir que se halle rígidamente circunscrito a ese nivel, porque el yo puede desplazarse por todo el espectro de la conciencia, regresar para consolidar algo y volver de nuevo, y además, también puede tener experiencias cumbre y acceder provisionalmente a las grandes realidades superiores. También, el "yo" (proximal) es el locus de funciones como la identidad, la voluntad, los mecanismos de defensa, la intersubjetividad (ya que el "yo" es social y dialéctico), la percepción estética, la cognición, los estados, el metabolismo que convierte los estados en rasgos, y lo más importante, la integración de todos esos (y otros) elementos. Estas son las principales funciones que encontramos en el "yo", que las suelo llamar líneas o corrientes, y son evolutivas, es decir que van desplegándose según se va madurando, aunque no van madurando en bloque, pues se puede estar más evolucionado en una línea (o función) y menos en otra.

Así pues, el "yo" es el navegador que debe articular todos los elementos que va encontrando en ese extraordinario viaje, que abarca desde el subconsciente, hasta la autoconciencia y, desde ahí, a la supraconciencia. Este "yo" (y sus funciones) se despliega siguiendo las olas básicas del Gran Nido del Ser, y va desde el "yo corporal", al "yo mental" (que se puede dividir en "persona", "ego" y "visión-logica o cuerpo-mente integrados"), al "yo alma" y al "Yo espiritual". Cada vez que el centro de gravedad del "yo" se desplaza y comienza a gravitar en torno a un nuevo nivel de conciencia, accede a una nueva perspectiva sobre la vida. Es por ello que, en cada uno de los nuevos niveles, el "yo" se ve en la obligación de afrontar nuevos miedos, nuevas necesidades, nuevos problemas, nuevos objetivos, nuevas modalidades de moral... y una nueva sensación de identidad.

 

Además, el "yo" incluye numerosas subpersonalidades. La persona promedio tiene en torno a una decena de subpersonalidades, y que los expertos les han puesto nombres diferentes, como: el yo padre o madre, el niño o niña, el adulto, el crítico, el profesional, etc. Por poner un simple ejemplo, date cuenta de que tu subpersonalidad cambia al tener una reunión con tu jefe o cuando estás en casa con tu familia.

 

Suelen experimentarse como voces diferentes en nuestro diálogo interno, y a veces luchan por la atención y el control de la conducta. Serían como una especie de "yoes" internos con los que debe negociar adecuadamente el "yo proximal".

 

Cada una de esas subpersonalidades puede hallarse en diferentes niveles del desarrollo. Es por esto que las diferentes facetas de una persona, pueden estar en niveles muy distintos. Por ejemplo, uno puede ser muy progresista en el trabajo y muy tradicional en su hogar (o alrevés, muy tradicional en el trabajo y muy progre en casa). Otro ejemplo de subpersonalidad, sería "el niño o la niña", que se origina en las primeras olas del desarrollo, y suele tener una visión del mundo mágica, necesidades de seguridad y protección, y cuando una persona adulta se ve atrapada en esta subpersonalidad, se puede manifestar en forma de berrinche, de demandas egocéntricas, de una visión narcisista del mundo..., y tal subpersonalidad puede hacerse cargo del "yo" durante minutos u horas, y finalmente desvanecerse, dejando a la persona en su "yo" promedio, que puede estar muy evolucionado.

 

Así pues, la existencia de muchas etapas del desarrollo, no supone que la persona se encuentre exclusivamente en un nivel, ni que sólo disponga de un tipo de mecanismo de defensa, que sólo pueda verse aquejada de un tipo de patología, que sólo esté atada a un tipo de necesidades, o a un sólo tipo de decisiones morales, o siempre se rija por el mismo tipo de valores.

 

En su forma más benigna, las subpersonalidades son, simplemente, las distintas formas que utiliza el "yo" para navegar una determinada situación psicosocial y presentación ante el mundo (en forma de esposo, padre, yo exitoso, yo fracasado, etc.). El problema de las subpersonalidades depende de su grado de disociación, pues pueden llegar a convertirse en una patología.

 

Una de las tareas del "yo proximal" consiste en integrar y armonizar el coro de voces interiores.

 

Ahora pasemos a otro elemento muy importante en el viaje evolutivo del "yo", se trata de los estados de la conciencia, y pueden ser naturales o alterados. Los naturales son el estado de vigilia, el de sueño con sueños y el de sueño profundo sin sueños. Y los estados de conciencia alterados, pueden ser inducidos por drogas, estados cercanos a la muerte, estados meditativos, estados del orgasmo en prácticas de sexualidad sagrada, etc. Nos centraremos en los estados meditativos, que son el estado ordinario, el sutil y el causal (y finalmente se pueden integrar en el estado no dual), y se pueden experimentar desde cualquier nivel del desarrollo en el que se encuentre el "yo", o sea, que no hace falta estar en un nivel muy evolucionado para experimentar estados de conciencia sutiles o causales (también llamados transpersonales o espirituales). Y hay una estrecha relación entre los estados naturales y los alterados, pues en los estudios científicos, el estado de vigilia presenta los mismos resultados en cuanto a patrones de onda en un electroencefalograma (eeg) que el estado ordinario, el estado de sueños presenta los mismos patrones en un eeg que el estado meditativo sutil, y el estado de sueño profundo sin sueños encaja con el estado meditativo causal.

El "yo" (en minúsculas se entiende que es el proximal), que puede ser considerado como una corriente o línea de desarrollo que va transitando el Gran Nido del Ser, también puede ser visto desde el punto de vista del estado, así pues, puede ser visto como si se tratara de tres corrientes de estado diferentes, "yo ordinario", "yo sutil" y "Yo causal". La mayoría de las grandes tradiciones de sabiduría, suelen afirmar que el ser humano dispone de tres grandes sistemas de personalidad según los estados esmentados: el "yo frontal o ego" y el "yo psíquico profundo o alma" y el "Yo o Testigo". Y cada una de esas corrientes de estado del "yo" se desarrolla de un modo relativamente independiente, pues aunque más arriba haya esmentado que el desarrollo del "yo" va desde el "yo cuerpo", al "yo persona", al "ego", al "centauro", esa secuencia es la del "yo frontal", que no incluye al "yo alma" ni al "Yo espíritu", que pueden desarrollarse de un modo relativamente paralelo, y desde la perspectiva frontal pueden pasar desapercibidos durante buena parte de la vida, aunque están ahí.

 

 

El "ego o yo frontal" es el "yo" que se adapta al estado ordinario; el alma (o psíquico profundo) es el yo que se adapta al estado sutil; y el "Yo o Testigo" es el yo que se adapta al estado causal.

 

Centrémonos ahora en la corriente del "ego". El "ego o yo frontal" incluye el "yo cuerpo", el "yo persona", el "ego maduro" y el "yo centauro o visión-lógica" (dense cuenta de que a todo ese conjunto que conforma el ego, lo denomino igual que a uno de sus componentes, el motivo es porque el ego empieza con el cuerpo, sigue con las etapas denominadas persona y ego maduro y finaliza al finalizar el centauro o cuerpo mente integrados). El "yo frontal o ego" depende de la cognición ordinaria.

 

Simultáneamente, el alma puede seguir su camino. Como se trata del yo que se adapta a las realidades sutiles, depende de la cognición sutil (que incluye la imaginación, el sueño, la ensoñación vigílica, las visiones creativas, los estados hipnagógicos, los estados etéreos, las revelaciones visionarias, los estados hipnóticos, las iluminaciones trascendentales y múltiples modalidades de savikalpa samadhi) y de la corriente del "yo" que la orienta e integra.

 

La línea sutil parece que se desarrolla en forma de U. Es decir, que la corriente psíquica profunda está presente desde los estadios prenatales (en la forma que suelo denominar como "nubes de gloria"), y va desvaneciéndose en la medida en que va desarrollándose el "yo frontal o ego". Al parecer, el alma va sumergiéndose y olvidándose a medida que va madurando el ego, y si el desarrollo prosigue hasta el centauro, el psíquico profundo empieza a volver a emerger, y emerge del todo después del nivel centauro, en las llamadas olas transpersonales.

 

Cabe decir que, aunque los niños tengan acceso a algunos tipos de experiencia sutil o espiritual, son interpretadas desde donde se encuentra su "yo frontal" en niveles bajos que yo suelo denominar prepersonales y que no se deben de confundir con los niveles transpersonales.

 

La línea del "Yo Testigo" también sigue su línea evolutiva, y depende de la cognición causal (la capacidad de atestiguar de un modo atento y desapegado y permanecer ecuánime frente a las fluctuaciones ordinarias y sutiles). El Yo es el responsable de la integración global del resto de los yoes, olas y corrientes. Es el Yo el que resplandece a través del "yo proximal" en cada uno de los estadios por los que pasa, y es el que impulsa todo el proceso de desarrollo, e impide que los reinos ordinario, sutil y causal se separen, y se mantengan unidos.

 

Hay que matizar que el Yo trascendental no experimenta ningún tipo de desarrollo, puesto que carece de toda forma, sin embargo el acceso a ese Yo sí experimenta un desarrollo y eso es lo que yo entiendo como el desarrollo en esta línea.

 

Aunque el desarrollo superior vaya desplazando progresivamente el centro de gravedad de la conciencia, desde el ego hasta el alma y el Yo, todos ellos son, no obstante, vehículos igualmente necesarios e importantes para el Espíritu, los tres pueden allarse presentes de un modo simúltaneo a lo largo del proceso de desarrollo. Y al final del todo, desde la no dualidad, se ve claro que la conciencia causal o sutil no son más importantes que lo ordinario. Aunque, para muchos, lo ordinario no nos baste, pues sabemos que hay mucho más. Sólo te sentirás plenamente en casa en la no dualidad, en la unificación de los tres grandes reinos. Desde la no dualidad los tres reinos tienen Un-Solo-Sabor espiritual. Sólo ahí te sentirás realmente en Casa.

 

Ni en la no dualidad, ni tampoco en los demás niveles transpersonales del desarrollo se trataría de una ausencia del ego, sino simplemente en una ausencia de identificación exclusiva con él. Muchas personas quisieran ser sabios sin ego, y eso es imposible, el ego siempre nos va a acompañar. Los sabios también tienen necesidades y deseos carnales, y también tienen problemas con el dinero, la comida, el sexo, etc. Los más grandes sabios de toda la historia, han tenido grandes egos sanos. Todos ellos fueron personas fuertes que sacudieron el mundo y emprendieron grandes revoluciones. Por eso eran grandes egos, pues el ego es el vehículo funcional de la realidad ordinaria, la que quieren transformar (junto con la sutil). Así que, trascender el ego significa trascenderlo y a la vez incluirlo. El ego no es un obstáculo para el Espíritu, sino una de sus resplandecientes manifestaciones. Hay que llegar a la liberación a través del compromiso, hay que llegar al Nirvana enmedio del samsara.

 

 

Fuentes:

  • Ken Wilber (2000). Una visión integral de la psicología. Ediciones Alamah.
  • Ken Wilber (2000). Diario. Editorial Kairós.

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